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La ilegalidad como riesgo para la salud
No es un secreto ni una sorpresa que personas de todo el mundo consumen, cultivan y también compran cannabis. Algunos la utilizan con fines medicinales, otros para divertirse o relajarse, y esto independientemente de si es legal o no. En los países en los que el cannabis sigue siendo ilegal surge un gran problema para los consumidores, que se ven obligados a recurrir al mercado negro incontrolado.
Un ejemplo actual es el de los cultivadores de exterior en los estados norteamericanos en los que el cannabis medicinal es ya legal. Venden su hierba contaminada con pesticidas o moho en estados en los que aún prevalece la prohibición estricta porque no pueden venderla a los dispensarios de su propio estado debido a los altos estándares de calidad. Por tanto, los pacientes de los países no legalizados corren mucho más riesgo de consumir hierba contaminada con moho o pesticidas. Los puntos de venta estadounidenses en los que se cultiva y vende legalmente la marihuana cuentan con una estricta normativa para las pruebas de laboratorio y el almacenamiento y conservación del cannabis medicinal. Esto garantiza que sólo se dispense a los pacientes cannabis de alta calidad, libre de sustancias y esporas nocivas. Esto se debe a que los pacientes que consumen marihuana por razones médicas son especialmente dependientes de los altos estándares de calidad porque, por ejemplo, sus sistemas inmunológicos están debilitados y, por tanto, son menos capaces de compensar la contaminación.

La marihuana es un producto natural que siempre contiene microorganismos y esporas en pequeñas cantidades. No hay manera de escapar completamente de esto. En Colorado, se ha descubierto que si el cannabis se almacena permanentemente en un recipiente hermético, los microorganismos y las esporas/hongos pueden multiplicarse más. Por este motivo, se promulgó una normativa que prohíbe el envasado hermético del cannabis. En los países en los que el cannabis sigue estando prohibido, se envasa de forma hermética por razones de seguridad para poder transportarlo, y también el consumidor en casa evita, comprensiblemente, airear su hierba con regularidad, ya que el olor, a veces fuerte, llama la atención. Debido a su elevado precio, muchos pacientes de países en los que el cannabis sólo se puede adquirir en farmacias a precios a veces muy superiores a los del mercado negro se ven obligados a recurrir precisamente a eso y a llevar así hierba potencialmente contaminada a sus hogares.
Así pues, corresponde a los gobiernos de todo el mundo abrir por fin el mercado del cannabis para que se puedan realizar controles de calidad. El argumento de que la prohibición del cannabis sirve a la salud pública hace tiempo que ha quedado obsoleto. Es exactamente lo contrario: la prohibición pone en peligro a millones de consumidores de cannabis. Por fin ha llegado el momento de abolir una prohibición que no tiene ningún beneficio y que sólo causa daños, para que se pueda regular y controlar la calidad.
Si el cultivo para fines propios y para uso médico es legal, los pacientes tienen la posibilidad de influir ellos mismos en la calidad de su medicina y pueden tomar las precauciones adecuadas. En estas circunstancias, el interesado puede decidir por sí mismo si quiere utilizar productos fitosanitarios químicos en absoluto o prefiere utilizar productos puramente ecológicos. Tiene pleno control sobre la producción, el procesamiento y el almacenamiento de la marihuana medicinal porque la produce él mismo sin poner en primer plano los intereses puramente económicos.